viernes, 7 de mayo de 2021

EL BUHONERO

  


                El buhonero llegó a la ciudad con su carromato repleto de baratijas. Últimamente la venta no había ido muy bien, pero hoy, en la capital del reino, tenía el pálpito de que las cosas serían diferentes. La gente de la corte es alegre y despreocupada, les ciega fácilmente todo lo que brilla bajo la luz hermosa de su sol.

               -¡Ha llegado el buhonero! ¡Productos de fantasía para todas y todos! ─pregonó ante una multitud ansiosa y entregada.

                   Y embalado en su propio discurso:

                 -¡Aprovechen la ocasión! ¡Joyas auténticamente falsas!

                Se las quitaban de las manos.


martes, 4 de mayo de 2021

CRECIMIENTO PERSONAL

 


                        Una mano -compasiva o cruel- lo había colocado en el alféizar de la ventana, donde el sol penetraba pronto por la mañana y las  vistas del jardín eran magníficas.  Ante él, pletóricas de pájaros, las copiosas copas  del sauce y del fresno  bailaban alegres con el viento.

                -Algún día seré como ellos -se prometía, henchido de autoestima, el bonsái.


sábado, 1 de mayo de 2021

LA QUIETUD

 



 





Cobijados precariamente del aguacero bajo el follaje aún ralo del fresno, los burros han abandonado su infatigable trabajo de herbívoros: arrancar la hierba tierna de la primavera, masticarla someramente, rumiarla. Los días se les van en esta tarea elemental y absorbente. Pero ahora, congregados junto al árbol, están paralizados, como si jugaran a ser estatuas animales. Ni siquiera sus tics habituales ─rascarse los parásitos, agitar la cola para espantar insectos, abanicar las orejas─  desmienten su inmovilidad, y el observador se admira de ello y se pregunta por la causa de tan maravillosa quietud. Busca analogías. ¿Están rezando al dios de la lluvia? ¿Son patriotas que escuchan con veneración y respeto el himno? ¿Son filósofos, poetas contemplativos meditando en busca del nirvana?

Tal vez, contra su inmerecida fama de seres insensibles, sean los burros espíritus delicados y sus oídos, atentos a esa blanca música de la lluvia, y sus ojos, cautivados por su cadencia hipnótica, los induzcan al trance. Estáticos y extáticos.

Y algo de esta paz sencilla, pequeña y honda se adueña también del observador.

Lluvia de abril.


miércoles, 28 de abril de 2021

CORONACUENTOS (29): PAUTA INCOMPLETA


Contrariamente a lo que algunos le recriminaban, no era de los que hablan por hablar ni de los  que opinan sin basarse en hechos. 

Por eso, cuando debido a problemáticos efectos secundarios las autoridades sanitarias decidieron suspender la segunda dosis de su vacuna, se sulfuró. ¿Con qué derecho le privaban del inigualable placer de poner el grito en el cielo? ¿Qué iba a ser ahora de él, con medio nanochip inoculado?  ¿Cómo iba a poder explicarles a los demás  que sentía tan solo medio esclavo, medio borrego, mediopensionista del pérfido sistema?


domingo, 25 de abril de 2021

25 DE ABRIL

 

Éramos jóvenes. 

Aquella primavera del 74 fue más Primavera que nunca, reventona de claveles en la bocacha de los fusiles. De Portugal irradiaba una luz de libertad y fraternidad. Entonces no sabíamos que la Revolución acaba por devorarse a sí misma o  languidece hasta no reconocerse o cae en manos de los cínicos.

Entonces no necesitábamos saber. Teníamos suficiente con soñar.

Éramos muy jóvenes.    

viernes, 23 de abril de 2021

UN LIBRO

 


Abrió un libro

y entró en él

como aquel que se interna

en un bosque de árboles que hablan,

de criaturas hechizadas.

Abrió un libro

y entró en él

como un caminante que encuentra albergue

cerca del fuego, una noche de tormenta,

en una posada al borde del camino.

Abrió un libro y entró en él

como aquel  que se adentra

en el abrazo de un amigo,

en una historia de amor,

en el peligro hermoso de la noche.

Abrió un libro, entró en él:

el Tiempo dejó de ser herida.



¡FELIZ DÍA DEL LIBRO!


martes, 20 de abril de 2021

CORONACUENTOS (28): VIEJOS TIEMPOS

 

La panadería tiene un aforo máximo de dos personas. El sexagenario ha de esperar fuera. Enseguida llegan otros dos clientes: una pareja de octogenarios. El sexagenario es de esos que no soportan el silencio en un ascensor  con desconocidos y siente una absurda necesidad de empatizar.

                  -Haciendo  cola, como en los viejos tiempos... -deja caer.

          El sexagenario no ha conocido las colas para conseguir víveres, ni las cartillas de racionamiento de la posguerra, pero calcula que sus dos compañeros de espera sí.

                  -Es que estos son los viejos tiempos -le contesta la mujer.

                Ya tiene el sexagenario  tema de cavilación para todo el día. Su pequeña lección de filosofía doméstica.