martes, 31 de marzo de 2020

CORONACUENTOS (3): LA TENTACIÓN


Sintió un violento deseo como hacía muchos años no sentía. Le recordaba a aquellas explosiones del instinto en su adolescencia, a la devastadora y tan gozosa efervescencia de algunos sueños imposibles, a la exaltación producida por los primeros tragos de alcohol. Había bajado a tirar la basura recreándose en cada paso, casi feliz de verse obligado a la lentitud por el desgaste de las articulaciones, sorbiendo hambriento la luz del mediodía, observando con envidia ese nódulo de vida nueva que pujaba por reventar en cada brote de los tilos. 

Recicló a conciencia, demorándose en una cuidadosa selección de los desechos: era el único objetivo luminoso de aquel día y sentía que acabara tan pronto. Y fue entonces, de regreso al portal, cuando le acometió aquel deseo prohibido, dolorosamente insoportable, placenteramente culpable: sentarse en uno de los bancos del parque silencioso y sin niños a escuchar el gorjeo de los pájaros mientras el sol, esa delicia tibia, almibarada, decididamente primaveral y suavísima le lamía la cara.   

sábado, 28 de marzo de 2020

CORONACUENTOS (2) : A TRAVÉS DEL CRISTAL



No estaba acostumbrado a tantas presencias  y tan continuas a su alrededor.  

A través del cristal le llegaba la mancha deformada, poco más que una sombra fugaz, del hombre paseando deprisa, con ritmo de marcha, sorteando los muebles y enfilando el pasillo. Una y otra vez. Inventándose una distancia grande en un circuito pequeño. El niño fijo en una pantalla, moviéndose electrizado con  algo en la mano. La mujer entraba y salía afanosa, continuamente, con un plumero, una bayeta, una escoba. Después se sentaba en el sofá con el móvil o con un libro en la mano y se pasaba así las horas. La televisión no paraba de vomitar sus luces movedizas.

Llevaban varios días haciendo cosas extrañas. Le daba vértigo tanto movimiento, tantos reflejos en el cristal, tanta claridad, tanta gente y tantos gritos  durante todo el tiempo.

Se dio la vuelta. Si alguien se hubiera fijado en él, en el movimiento burlón de su cola al rozar el cristal, en la dilatada expresión de sus ojos, habría pensado que el pez rojo había comprendido algo de golpe y que el placer de la venganza por mano ajena hinchaba su pequeño cuerpo.

jueves, 26 de marzo de 2020

CORONACUENTOS (1) : 40 DÍAS Y 40 NOCHES



Los animales iban  subiendo ordenadamente. Noé supervisaba la operación y urgía a los más perezosos. Las nubes del diluvio pesaban como una amenaza inminente sobre ellos.

-¡Vosotros dos, no! ¡Fuera!- los amenazó cuando estaban a punto de embarcar. Parecían un matrimonio de jubilados felices por cumplir su sueño -tantas veces aplazado- de hacer un emocionante crucero. 

Ni el mismo Noé supo el porqué de aquella violenta negativa que acababa de gritar. La orden no parecía haberle llegado de lo Alto sino del Futuro. De poco sirvieron los ruegos de Cam, que se había encaprichado con ellos.

La pareja de pangolines, resignada, se dio la media vuelta hacia un destino incierto. Mientras oían cerrarse a sus espaldas las puertas del arca se preguntaron cuál había sido su culpa.


(La Historia se repite, es cíclica, sometida al eterno retorno, aunque siempre hay  pequeñas variaciones entre cada versión.  Cada vez que la rueda vuelve a  pasar por el mismo acontecimiento, algo -no mucho, por desgracia- se va aprendiendo. Lo mismo les ocurre a las historias.)

martes, 24 de marzo de 2020

PESTE Y LITERATURA




          Obligado por las circunstancias a prescindir de su amena tertulia alrededor de la mesa de un bar, Afrodisio Aguado no se resignaba a vivir sin platicar, aunque fuera a través del guasap. Estaba convencido de que uno de los efectos colaterales de la reclusión sería el aumento exponencial de la producción literaria: proliferarían los diarios de los días de la peste (él prefería esta palabra o la de plaga, de tan siniestras resonancias, a la de pandemia), las novelas distópicas, los ensayos sobre un cambio de paradigma social, los poemarios jeremíacos, el humor de todos los colores. Y lanzó al aire, en el grupo creado al efecto, está pregunta: ¿Por qué la literatura y la peste se llevan tan bien? Sus aburridos compañeros de tertulia no tardaron en inundar su móvil con las más variadas respuestas:

            -La literatura es planta de interior, flor de invernadero.

            -"Se canta lo que se pierde".

            -"El dolor nos vuelve locuaces".

            -Odiamos la desgracia en la vida real, pero la buscamos con perversa fruición en la ficción.

            -Sin carencia no habría literatura: rellenamos con palabras el vacío existencial.

            -La felicidad es mal asunto literario, resulta obscena y aburrida. El infortunio, por el contrario, es muy imaginativo, no se repite. Algo parecido dijo Tolstoi al comienzo de Ana Karenina.

            -Hay que estar muy desocupado para dedicarse a esa cosa tan extraña de escribir.

            -Nos gusta imaginar situaciones catastróficas: es una forma de exorcismo.

            -Lo excepcional nos conmociona y muestra nuestros límites.

            -Como  la guerra, como todas las situaciones extremas, la peste revela lo mejor y lo peor del ser  humano. Es un amplificador emocional y dibuja con precisión los personajes del bueno y del villano.

            -El enclaustramiento es fuente de conflicto. Sin conflicto no hay historia.

       -La peste convierte lo cotidiano en lucha, saca a la luz la épica oculta que el estrato más elemental de la vida -la supervivencia- esconde.

            -Los universos cerrados son muy golosos para cualquier escritor.

            -La literatura nos consuela del malestar vital.

       -La peste, con su secuela de cautiverio y de muerte, constituye una gran metáfora de la existencia.

          -Cuanta menos vida, más literatura.

            (...)
           
        Ante tal aluvión de opiniones, Aguado dio por cerrado este ciclo y abrió otro nuevo: "¿Qué creéis que habrá cambiado cuando vuelva la normalidad?"

sábado, 21 de marzo de 2020

DÍA DE LA POESÍA







Alguien podría pensar que es inoportuno y hasta obsceno celebrar hoy el Día de la Poesía. Pero los que nos hemos sentado con frecuencia a la sombra de tan frondoso árbol sabemos hasta qué punto puede ser acogedora, servir de consuelo en épocas de peste y de negrura. Como dice Joan Margarit la poesía es como una Casa de Misericordia que da asilo a los huérfanos. Y ahora todos sentimos esa orfandad profunda de la desgracia incontrolable.

Los poetas tienen fama de tristones y es posible que muchas veces la poesía deje tras sí ese halo de tristeza. Pero, aun a pesar de que la poesía sea sombría "escribir un poema siempre es un hecho positivo" (Larkin), una apuesta por la afirmación.

En momentos de penuria y de catástrofe como los que estamos viviendo surge la pregunta que se hace Heidegger: "¿Para qué los poetas?" Y él mismo se contesta con unos versos de Hölderlin: “Pero ellos son, me dices, como los sagrados sacerdotes del dios del vino,/ que de tierra  en tierra peregrinaban en la noche sagrada.” O podríamos citar estar palabras de Enrique Gran: "Poner luz a las cosas tenebrosas."

Poeta es quien es capaz de ver una aurora boreal en una mancha de aceite de coche sobre la calzada mojada por la lluvia, quien conoce la alquimia de transformar el sufrimiento en belleza, quien hace de la alegría una obligación aunque esté sangrando por dentro.

Y poetas somos todos cuando rozamos con los dedos sensibilizados por  la fiebre y el dolor las cuerdas más hondas de nuestro interior y sentimos el calambre de ser, de sufrir y gozar por ello. Y al tocarlas suena una música arrebatadora y absoluta. La música de la Vida.




jueves, 19 de marzo de 2020

LUNA EN LA PLAZA






Salamanca, luna blanca.
Y nubecillas que sajan
un ojo surrealista
insomne sobre la Plaza.
Salamanca, luz de plata.


(Ha pasado solo una semana desde que se tomó esta foto nocturna. Parece que sucedió en otro mundo, en otra vida.)

domingo, 15 de marzo de 2020

QUINCE DÍAS



15 días de pausa, de tregua, de sosiego.

15 días para aquietarse, para mirar hacia adentro, para ver llover por la ventana. Para sentir que la casa sigue siendo el refugio milenario que siempre fue, que en su pequeño espacio puede caber el mundo.

15 días de coches aparcados, de aceras vacías, de silencio. Descanse la ciudad de tanto tráfago, sean los parques, por unos días, un territorio virgen. Que resuenen en las calles los pasos del solitario, las campanas, los trinos joviales de los pájaros que buscan compañía. Oigamos el silencio.

15 días para aprender la lecciones más antiguas, las que nuestra generación nunca había aprendido: que somos frágiles, provisionales, que siempre estamos a un paso del abismo, que el pan es un milagro, que nada se ha de dar por descontado, que solo nos salvamos si estamos juntos, que podemos ser el cielo o el infierno para los otros (está en nuestras manos la elección), que podemos propagar dolor o consuelo, que la alegría es tan contagiosa como la enfermedad, que el miedo es el virus más letal. Que la solidaridad es la forma más sabia del egoísmo.

15 días para leer esa novela larga que lleva mucho tiempo esperándonos, para escuchar la música que cura, para dejar que el tiempo pase sobre nosotros su lenta mano acariciadora, para repasar tantas fotografías condenadas al olvido. Para  anular la distancia que nos separa de los más cercanos. Para contarnos cuentos al amor de la lumbre. Para aplazar el beso y el abrazo, para desearlos más, para buscar en nuestro interior el manantial de la bondad.

15 días de soledad impuesta que pueden convertirse en soledad sonora, creativa, en un descubrimiento.

15 día de hibernación, de invierno obligatorio, que nos harán amar más la primavera.

Y cuando esto acabe, cuando el aciago contador se detenga, cuando terminen la cuaresma y la abstinencia, salgamos fuera -un poco pálidos, un poco alucinados- y volvamos al beso y al abrazo, a la terraza y a las calles, al trabajo y al ocio. A la palabra cercana, al roce, a la caricia.  A la amistad que no respeta el metro y medio de distancia. Volvamos a la vida, resucitemos.

Nos aguarda la luz.


Volveremos a ser  nosotros, pero ya no seremos los mismos.

sábado, 14 de marzo de 2020

PANDEMIA









Una luz crepuscular
caía sobre el mundo.
Y con la llegada de la penumbra
miedos desconocidos
-y sin embargo tan antiguos-
se adueñaban del corazón de los hombres.

miércoles, 11 de marzo de 2020

DECAMERÓN



Confinados  por la COVID-19, aquellos jóvenes estudiantes de Erasmus entretuvieron la espera viendo series en sus móviles, mandando mensajes, haciéndose selfis y comiendo pizza.  Apenas se sentían aislados: hacían casi lo mismo que un día cualquiera.

672 años antes, otros jóvenes como ellos, encerrados en una casa de campo en las afueras de Florencia,  pasaron la cuarentena de la Peste Negra contándose historias para ahuyentar el pánico y llenar el tiempo de placentero significado (según los imaginó Boccaccio). Así se originó una de las obras maestras de la literatura: el Decamerón.

domingo, 8 de marzo de 2020

LOS TILOS DE MI CALLE (I)





                                                                              (...)

       Los tilos de mi calle
aguantan bien la lluvia ácida del desdén,
la nieve ratonera que no quiere cuajar
y arroja entre sus pies esquirlas de ventisca,
el empellón del cierzo.

(...) 


(De Arborecer)

jueves, 5 de marzo de 2020

BECQUERIANA



Tú, sombra aérea, que cuantas veces
voy a tocarte, te desvaneces,
como la llama, como el sonido,
como la niebla, como un gemido
del lago azul.

(G. A. Bécquer)









Estamos en año becqueriano, pues en diciembre se cumplirán 150 años de la muerte del poeta sevillano. Buen momento para  recordar que -algo que ocurre muy excepcionalmente- su poesía es patrimonio colectivo, no solo pasto de historiadores de la literatura, críticos y lectores eruditos. En ella se celebra ese extraño -por inusual- milagro de la fusión de lo culto y lo popular. Poesía para adolescentes y para profesores universitarios, poesía de carpeta y de cátedra, poesía de honda sencillez inagotable. Una lección de difícil aprendizaje en tiempos en que la lírica se bifurca en direcciones irreconciliables.

He creído descubrir ese espíritu becqueriano difuso en esta pintada callejera con sus puntos suspensivos, su suave asonancia y ese carácter evanescente de la persona querida, como un rayo de luna inaprehensible.


lunes, 2 de marzo de 2020

LA SENCILLEZ DEL HORIZONTE


La espera azul de los castaños.
Su hermosa desnudez.
El verde severo de las encinas.
La limpia rectitud del horizonte.
Paisaje de la infancia.