Enhiesto surtidor de sombra y sueño/ que acongojas al cielo con tu lanza, escribió Gerardo Diego en su famoso soneto dedicado al ciprés de Silos.
Si de acongojar al cielo se trata, esta escultura metálica de rotonda lo hiere el atardecer casi con saña y, apurando la metáfora visual, de esa herida brota la sangre del ocaso.
Nada de todo esto debió de imaginar el autor, para quien esta larga aguja de acero simboliza una vela marinera y así lo reflejó en el título que le puso: VELA. La vela, dúctil y flexible, amiga del viento, difícilmente se asociaría con este monumental cuchillo de no mediar el cartelito explicativo.
Suele ocurrir: lo que el artista pretende o imagina adquiere insólitas derivaciones en la mente del lector, el oyente o el espectador. Y en el arte contemporáneo, que tiende en muchas ocasiones a lo abstracto, a lo conceptual o estilizado esa distancia puede resultar excesiva.


