Muy aficionado al golf, cuando el Mandatario Más Poderoso del Mundo practicaba su amado deporte, cada vez que golpeaba la bolita con saña y lograba embocarla en el
agujero imaginaba que era la esfera terráquea y que la enviaba directamente al
infierno.
(Sobre una
idea de Gonzalo Suárez Morilla)