La hiedra siempre quiere
llegar a árbol,
no tener que aferrarse
a aquello que es más firme.
Quizá por eso
dibuja sobre el muro
la silueta
de un deseo imposible.
Cuaderno de creación literaria donde encontrarás textos y fotografías originales del autor.
La hiedra siempre quiere
llegar a árbol,
no tener que aferrarse
a aquello que es más firme.
Quizá por eso
dibuja sobre el muro
la silueta
de un deseo imposible.
CIGÜ 1: ¿Adónde el camino irá?
CIGÜ 2: Voy crotorando viajera, a lo largo de la senda...
CIGÜ 1: Estos humanos y sus caminos tan bien señalados.
CIGÜ 2: Y aun así, la mayoría de las veces parecen perdidos.
CIGÜ 1: Si tuvieran que viajar como nosotras, por un cielo sin sendas ni caminos...
CIGÜ 2: El cielo tiene caminos que sólo se ven con los ojos del corazón.
CIGÜ 1: ¡Serás cursi! Es cuestión de instinto.
CIGÜ 2: Nosotras llevamos la brújula incorporada.
CIGÜ 1: Por eso regresamos siempre a nuestro nido.
CIGÜ 2: Definitivamente, los humanos están mal hechos.
CIGÜ 1: Fallan en lo esencial. No saben adónde van, no saben lo que quieren.
CIGÜ 2: Y lo peor: creen que lo saben todo, que lo pueden todo.
Como si
estuviera cronometrada en un concurso de microrrelatos, la historia dura el
tiempo exacto de mi coincidencia con dos extraños en la rampa mecánica del
supermercado mientras bajamos con el carro de la compra. Vienen detrás de mí y
a duras penas resisto la tentación de volver la cabeza para ponerles rostro. De
soslayo se me esbozan sus figuras. Sólo habla uno de ellos, con el acento
meloso del español de ultramar. El azar o la necesidad consiguen la proeza de
condensar en unas pocas palabras un relato íntegro.
Un día mi
papá nos abandonó. Mi mamá tuvo que ponerse a lavar ropa. Yo sólo tenía un par
de zapatos. Llevaba todo el día los del uniforme del colegio. No había para más. Me daba mucha vergüenza que me vieran así. Ahora que puedo me compro
todos los zapatos que me gustan. Tengo veintisiete pares.
No puedo
evitar mirarlos por la espalda mientras se alejan. Las zapatillas de deporte
que calza el anónimo narrador parecen de mercadillo.
—Sobra decoración y falta
decoro.
—Todo se reduce a esto:
es mucho más fácil provocar ruido que crear música.
—«Lejos de nosotros la
peligrosa novedad de discurrir». Esta frase atribuida a miembros de la
Universidad de Cervera para halagar a Fernando VII en su etapa de feroz
absolutismo parece haberse convertido en el lema de mucha gente. Aunque yo
prefiero la variante apócrifa atribuida al mismísimo monarca: «Lejos de mí la
funesta manía de pensar»: me parece más rotunda y mejor ceñida a la calaña del personaje y al momento
presente.
—La cantidad de cosas nos
ahoga. También el exceso de «buenas cosas».
—La compasión ha huido
del mundo. Ni siquiera Nietzsche, el arrepentido, logró salvar al caballo. Lo
tomaron por loco.
—Si Hegel viviera en esta
época no creo que siguiera manteniendo aquello de que «Todo lo real es
racional». Habría que ser muy ingenuo o muy tonto o muy cínico, y el autor de La fenomenología del espíritu no era ninguna de las tres cosas.
(Sentencias de Mateo Ortiz sobre un mundo que se le ha vuelto incomprensible)
En la honda cañada,
los toros jóvenes,
donde se espesa el pasto
tan tierno de la muerte.
Su feroz inconsciencia.
Sus juegos infantiles.
Sus cuerpos de negrura reluciente.
Ignoran que serán
el precio estipulado de la fiesta.
Pacen en paz.
Tan lejano parece,
tan imposible,
el día del sacrificio.
(De Cuaderno de Valonsadero, inédito)
Refugiados a la sombra del gran roble, en Cañada Honda, esperando sin saberlo el día de la fiesta, que para ellos será el día del sacrificio, estos novillos no parece que estén, como los erales de los que habla Lorca en su romance, soñando verónicas de alhelí. Más bien dan la impresión de someterse a su destino trágico con esa indiferencia emocional que nos invade cuando aprieta el calor.
El campo en primavera y sus cambiantes colores.
En unos pocos días, salvo el gris de la colina al fondo que permanecerá inmutable, los colores de esta bandera natural, de este cuadro que tiende a la abstracción, ya no serán los mismos. Virarán a la monotonía del amarillo a medida que el calor vaya agostando la hierba.