En la honda cañada,
los toros jóvenes,
donde se espesa el pasto
tan tierno de la muerte.
Su feroz inconsciencia.
Sus juegos infantiles.
Sus cuerpos de negrura reluciente.
Ignoran que serán
el precio estipulado de la fiesta.
Pacen en paz.
Tan lejano parece,
tan imposible,
el día del sacrificio.
(De Cuaderno de Valonsadero, inédito)
Refugiados a la sombra del gran roble, en Cañada Honda, esperando sin saberlo el día de la fiesta, que para ellos será el día del sacrificio, estos novillos no parece que estén, como los erales de los que habla Lorca en su romance, soñando verónicas de alhelí. Más bien dan la impresión de someterse a su destino trágico con esa indiferencia emocional que nos invade cuando aprieta el calor.
