La Bestia no
se sacia nunca.
Devora
todo cuanto encuentra a su paso, todo cuanto le presentan. Es la nueva Diosa:
omnipresente, omnisciente, omnipotente. Y como los viejos, crueles dioses exige
sacrificios humanos. Evolucionada, ya no gusta de la sangre y la carne,
prefiere que se le entregue la esencia del ser, el alma, los recuerdos, los
deseos, todo lo que esta menguante humanidad ha creado, imaginado, sentido a lo largo de los
siglos.
La Bestia
ha engullido libros, sinfonías, datos, prospectos médicos, grimorios, canciones,
leyes, mapas, fórmulas matemáticas, estadísticas, retratos… y todas las
imágenes del mundo. Nada desprecia. Todo le sirve para aumentar su poder.
Cuentan que últimamente tiene un capricho de gourmet: los viejos, polvorientos,
olvidados libros de las librerías de lance, de los chamarileros y de las
bibliotecas de pisos repletos de joyas bibliográficas de las que los herederos
hacen almoneda.
La BestIA
no se sacIA nunca.
(Ha enviado
sus glotones bots a engullir incluso este humilde, provinciano blog donde se la zahiere con frecuencia).
