domingo, 31 de mayo de 2026

FILIOQUE

Las palabras curan tanto como hieren. Las palabras son arma y juguete, salvan y condenan. Las palabras unen y también separan. Una palabra, una sola palabra puede cambiar el destino de una persona y hasta de una sociedad entera. 

La disputa sobre si la palabra filioque ('y del Hijo')  debía aparecer en el Credo (lo que suponía afirmar que el Espíritu Santo procedía no solo del Padre sino también del Hijo) acabó dividiendo la cristiandad en dos y condujo al gran Cisma de 1054. Cierto es que la palabra, convertida en emblema o bandera, fue el catalizador de multitud de tensiones acumuladas durante siglos. Pero no es menos cierto que para que la bomba explote necesita una espoleta y las palabras, desgraciadamente, y cada vez más en estos tiempos, son la espoleta, el agente disparador, la cerilla que cae en un bosque seco.

Las palabras son material altamente inflamable y muchas veces las manipulamos sin tomar las debidas precauciones.

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