Sentada en esta piedra observo los rasgones
en la piel
castigada de la tierra
y zurzo sus
heridas con hilos de colores.
Sentada en
esta piedra veo lo que no está
en una
ausencia poblada de temblor,
y me imagino
el cielo
como una
mano ansiosa de aplastar
a una mosca,
de cascar
una nuez.
Sentada en
esta piedra
espero, sin
razón, lo inesperable.
(...)
Todo ocurrió
(ya casi
nadie lo recuerda)
antes de que
una mano de cielo vengativo
aplastara la
casa.
(De Despoblados, editorial Juglar, 2026)
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