En la
página web de la Biblioteca, en la ficha de cada libro, además de la
información bibliográfica, figuraba el número de veces que había sido prestado
y el lugar donde estaba almacenado. Descubrió así que muchos libros yacían
arrumbados en el depósito del sótano, lejos de los anaqueles a los que podían
acceder los lectores. Descubrió también que había ejemplares que habían sido
prestados muy pocas veces; algunos nunca.
Desde ese
día, compaginándola con su otra tarea de sacar a pasear los perros abandonados
en la protectora de animales, comenzó a pedir prestados en la Biblioteca libros
viejos o que hacía mucho tiempo que nadie había leído o que llevaban años
almacenando polvo en el depósito. No tendría tiempo de leerlos todos, por
supuesto, pero los hojeaba por completo para que la luz visitara todas sus
páginas, se sentaba con ellos al sol en el parque, los acariciaba compasiva,
los olía.
A sus
espaldas, la llamaban la loca de los libros. Ella sonreía, íntimamente
agradecida, porque de cada libro abierto rescataba una palabra, una frase, un
verso que llevaban mucho tiempo esperándola.
¡FELIZ DÍA DEL LIBRO!
No hay comentarios:
Publicar un comentario