martes, 7 de abril de 2026

SELENITA






De niño, influido por las novelas de ciencia-ficción de H.G. Wells, fantaseaba con esta palabra: selenita. Le gustaba su sonido y lo que sugería. La carrera espacial,  culminada en julio de 1969, mató la imaginación y dio paso a la ciencia. Los selenitas no existían y la palabra se quedó yerma como la superficie lunar, sin referente posible. Era ya una palabra vacía, sin futuro, que, sin embargo, para él seguiría teniendo poder de evocación porque lo hacía regresar a sus ensueños infantiles.

Ahora que que el ojo humano acaba de ver por primera vez la cara oculta de la luna, su piel castigada por la viruela de los impactos de los meteoritos, ahora que hemos descubierto que su secreto era no tener secretos, nuestro satélite se ruboriza sobre el mar, como avergonzado.

No hay selenitas en la luna, pero en la tierra cada vez hay más lunáticos. Y son muy poderosos.

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