sábado, 28 de mayo de 2022

HADA TITANIA






 




                Su madre, profesora de inglés, la había castigado sin motivo desde el primer día de su vida, poniéndole un nombre, Hada Titania, que la había marcado para siempre. Le daba  una vergüenza horrible presentarse por primera vez ante cualquiera y tener que decir cómo se llamaba. Lo había reducido a Tania para evitarse preguntas, risitas, burlas de todo tipo. Pero eso no servía en los papeles oficiales, las listas de clase, el documento de identidad. Proyectaba cambiárselo en cuanto fuera mayor de edad.

               Una noche de San Juan -tenía catorce años y eran las fiestas de su ciudad: desenfreno y vulgaridad a partes iguales- Hada Titania se enamoró de un muchacho tosco y dominante, un verdadero burro de grandes orejas. Fue correspondida más allá de lo deseable, como en una leyenda bufa.

                Lectora superficial -pero fanática- de Shakespeare, divorciada hace años e hiperresponsable, la madre aún sigue preguntándose, horrorizada, qué es lo que ha hecho mal.


lunes, 23 de mayo de 2022

EL ASCENSOR

 


Cuando aflojó la pandemia, volvieron los tertulianos, nuestros queridos complementarios, a celebrar sus reuniones en presencia, esos cónclaves casi cardenalicios sin humo ─tan lejanos aquellos tiempos en que las volutas de los cigarros envolvían las conversaciones─ y con renovados bríos retomaron sus disputas casi teológicas, sus logomaquias, ese afán inocente de arbitristas de solucionarlo todo, de pasarlo todo por el tamiz de sus mentes especulativas.

El tema en el que se enredan hoy tiene algo de sociología barata y de auténtica preocupación por el futuro de las nuevas generaciones: el cacareado fin de la meritocracia, el regreso al sistema de estamentos del antiguo régimen.

─Se ha averiado el ascensor.

─¿Qué ascensor?

─El ascensor social, hombre. Ese que permitía subir en la escala social, mejorar de clase y condición.

 ─Siempre nos quedará subir por la escalera.

 ─¿¡Qué dices?! Eso requiere esfuerzo. Y el esfuerzo está mal visto, solo contribuye a perpetuar desigualdades, según los modernos estudiosos.

─Ya lo dijo el poeta: «Lavorare stanca».


viernes, 20 de mayo de 2022

SI EL CORAZÓN PENSARA



 "Si el corazón pensara, dejaría de latir", dicen que escribió Pessoa.

Aquella frase no valía para él porque su corazón tenía la rara manía de pensar, así que cada latido era una sufrida victoria contra la duda, contra el desánimo, contra el tiempo.

martes, 17 de mayo de 2022

ESPECTACULAR

  

Si una época, un momento histórico, un estado de ánimo colectivo, una manera de juzgar el mundo se definen por el adjetivo preferido para ponderar algo, una de las palabras que nos definen es 'espectacular'. En esta época de tanta imagen y tan poca imaginación, parecería que solo supiéramos valorar con los ojos y tuviéramos una apetencia cada vez más acusada por lo ostentoso o aparatoso. Lejos queda aquella alabanza exclamativa de Rubén Darío que Valle Inclán caricaturizó en «Luces de bohemia»: «¡Admirable!». Pero resulta que admirar es algo mucho más profundo que mirar, que ser espectador, requiere esfuerzo e intervención de otras instancias de la mente poco empleadas en la actualidad.

Calificamos de espectacular un 'evento' de cualquier tipo, un libro, una canción, una película, un vestido, un coche, una noticia, una persona... Todo lo convertimos en espectáculo, en apariencia, en fotografía desechable, practicando una sinestesia empobrecedora que relega el papel de otros sentidos y una mínima capacidad de reflexión.

Solo en ocasiones, por esas travesuras del idioma, acabamos acertando. En el restaurante nos sirven sobre un bajoplato un plato muy bien emplatado, de exiguas cantidades y concertados colorines y texturas. Nos apresuramos a tomar una foto y  a compartirla con un comentario: ¡Espectacular! Quizá hayamos logrado provocar la envidia de nuestros lejanos destinatarios pero nadie nos librará de la pesadumbre a la hora de pagar una abultada factura por un poco de comida tan vistosa como falta de sustancia.

¡Que no pare el espectáculo!

viernes, 13 de mayo de 2022

EL VÉRTIGO DE LA VELOCIDAD

 






La incesante marejada de la mente le devolvió a las playas del recuerdo las frases de una oración infantil. La recitaba la madre, en su puesto de copiloto, cada vez que iniciaban un viaje: "Dame, Señor, mano firme y mirada vigilante para que a mi paso no cause mal a nadie..." El primer milagro de la jornada ya se había conseguido sin ayuda divina ni intercesión de san Cristóbal. Todos los miembros de la familia numerosa  habían conseguido acomodarse en el reducido habitáculo del coche: la hermana pequeña alojada en brazos de la madre y el resto de hermanos en el asiento de atrás, al tresbolillo, en un virtuoso ejercicio de tetris viviente.

Había un pasaje de la jaculatoria que al niño le hacía sonreír: "Que no me deje llevar del vértigo de la velocidad..." Era inimaginable pensar que de la prudencia de su padre y de la limitada potencia del motor del Seat 600 pudiera derivarse semejante pecado.

Ahora, en tiempos en que hasta el planeta parece girar en su órbita a una velocidad frenética y en que los pocos que ponen el pie en el freno no consiguen ralentizar la marcha enloquecida del mundo, la última petición de la oración a san Cristóbal que rezaba su madre se le ha convertido en todo un programa de vida: "... Que no me deje llevar del vértigo de la velocidad y que admirando la hermosura de este mundo logre seguir y terminar mi camino con toda felicidad."

Que así sea.

martes, 10 de mayo de 2022

BALCÓN TAPIADO

 






Quien decidió abrir este balcón al sur creía en la luz, en el esplendor de los campos verdes de mayo tachonados de amapolas, en las noches de verano tachonadas de estrellas.

Quien  lo tapió rumiaba la amargura de las causas perdidas, de la derrota, del triunfo de las sombras en las alcobas.

Quien se asomó por primera vez al balcón poseía el secreto de la esperanza.

Quién lo cerró definitivamente puso el punto final a una historia, a muchas historias.

¿Hay algo más triste que un balcón tapiado?

viernes, 6 de mayo de 2022

CONTRAFRASES

 

Incapaz de auténtica originalidad, gustaba el sediciente poeta Virgilio Arancón de aferrarse a textos ajenos para llevar amigablemente la contraria a los grandes autores. De su lectura del «Ulises»  de Joyce extrajo un pequeño florilegio de frases y se entretuvo en invertirlas:


─«Toda vida consiste en muchos días, día tras día. »

Todo día consiste en muchas vidas, una tras otra.

─«Otra victoria como esta y estamos perdidos.»

Otra derrota más y habremos vencido.

─«Me dan miedo esas grandes palabras que nos hacen tan infelices.»

Me dan miedo esas pequeñas palabras que nos hacen tan felices.

─«La historia es una pesadilla de la que trato de despertar.»

Un buen sueño es esa historia de la que no quiero despertar.

─«Eso es Dios (...) Un grito en la calle. »

Eso es Dios: un silencio en casa.

─«No podemos cambiar de país. Cambiemos de tema.»

No podemos cambiar de tema. Cambiemos de país.

«La vida es muy corta para leer malos libros.»

─La vida es muy corta para leer un buen libro.

Medianamente satisfecho con sus hallazgos condensó su método en esta sentencia:

─Toda gran frase lleva en su seno la contraria.


martes, 3 de mayo de 2022

SANTOS

 

Rodeado de paraguas, billeteras, llaveros, mochilas, platos decorativos y calaveras, el Coro Celestial diminuto de santos y vírgenes milagreras alojados en el escaparate atrapó la atención del fotógrafo curioso. Se detuvo unos momentos repasando las etiquetas con los nombres de los bienaventurados y especuló sobre su especialidad a la hora de realizar portentos. 

No estaban todos, pero en ese cielo reducido y al alcance de la mano, como si se tratara de un negociado municipal de asistencia a los menesterosos, encontró a algunos benefactores que se le antojaron especialmente indicados para estos tiempos: san Expedito (causas justas y urgentes), san Cristóbal (viajes), santa Lucía (vista), san Roque (santo multitarea entre las que destaca la protección contra las epidemias), san Tadeo (causas difíciles), san Antonio (objetos perdidos, deseos por realizar). 

De entre las numerosas vírgenes, tras un largo proceso de selección y una vez descartadas algunas que consideró demasiado evidentes (Covadonga, Nieves, Angustias...) hubo de quedarse con dos: la Virgen Desatanudos (no la conocía y le pareció una magnífica metáfora de lo que hoy necesitamos en tantos órdenes de la vida) y la Virgen del Cobre (era la más cara de todas las estatuillas: las materias primas están por las nubes).

Como no encontró en el archivo de sus recuerdos infantiles ninguna jaculatoria apropiada, tuvo que conformarse con musitar para sus adentros: ¡Tened piedad de nosotros!

Cuando disparó su cámara creyó oír -con entonación de música celestial- el reproche colectivo de los bienaventurados: ¡Estamos hartos de fotos y de turistas pedigüeños!