miércoles, 27 de enero de 2021

EXTRAÑO 2020

 

¿Llegaremos a considerar a 2020 el hito inaugural de una nueva era? ¿Empezaremos a contar a partir de este malhadado año lo que venga después? "Sucedió el año 3 p.P. (post Pandemiam)..."  

Mientras aguarda a que la posteridad ponga las cosas en su sitio, Cabal pasa el tiempo conjeturando nombres para esos 366 días que hace poco concluyeron. 2020 no va a ser un año más, de eso está seguro. Y se le ocurre denominarlo de muchas maneras, algunas obvias, otras más rebuscadas, más trágicas, más humorísticas: el año de la Pandemia, el bisiesto de la Peste, el año de las crisis, el año sin abrazos, el año del miedo, el año de los bares cerrados, el año de las negras olas, el año de la muerte en soledad, el año de la máscara o el bozal o el tapabocas, el año de los idiotas, el año de los cursis, el año en que volvieron las colas, el año de los sueños confinados, el año que sobraba, el año del bicho coronado, el año del duro correctivo, el año de los bulevares vacíos, el año de los héroes, el año de las terribles estadísticas, el año en que no aprendimos nada, el año de los pasillos atascados, el año de las pantallas, el año de los balcones, de los aplausos, de la vuelta a los pueblos, el año en que la tierra vibró poco, el año extraño... 

De todas las que le vienen al magín, acaba prefiriendo una de poéticas reminiscencias: el año en que las flores crecieron en los caminos. Demasiado larga para ser usada por periodistas o historiadores. 

Habrá que seguir estrujándose el caletre.


domingo, 24 de enero de 2021

KAFKIANO

 


Lo tenía todo para ser un insigne escritor póstumo -o al menos eso creía él-. Era joven, enfermizo, hiperestésico, original, taciturno, atormentado, insobornable, genialoide. Moriría joven, sin duda, antes de que su obra -densa, oscura, precursora- pudiera ser comprendida. 

Cada vez que las editoriales al uso rechazaban sus manuscritos , tras una primera decepción que engañaba con sarcasmos, se afirmaba orgulloso en su destino de autor maldito, postergado: un hijo del futuro. No es de extrañar que admirara a Kafka. Como a este, la enfermedad lo fue minando con amorosa paciencia. Y como Kafka, tenía también un amigo a quien confiar su último deseo momentos antes  de morir: le entregó toda su obra en un pendrive, haciéndole prometer que la destruiría en cuanto él desapareciera para siempre. Secretamente confiaba en que, al igual que hizo Max Brod, tampoco cumpliera su promesa y eso contribuyera a agrandar su leyenda.

Pero su amigo, a diferencia de Max Brod, era un hombre de palabra.


jueves, 21 de enero de 2021

DESHIELO






Es débil criatura:

las caricias demoradas del sol,

el beso de la lluvia, el abandono,

el simple paso de los días

son una enfermedad

para su cuerpo pálido.

Pero no se entristece

cuando dice su adiós.

No habrá estertor sino silencio

-un silencio de átomos en fuga-

al cambiar de avatar

cediendo al engaño del calor.

Le nacen pies o alas,

sobre la tierra fluye,

quizá vuelva a ser nube.

Mientras pierde su nombre

yéndose con el agua

que hará posible el trigo

confía en su providencia,

en la rueda impasible de los cambios.

Sabe que con su entrega

serán más fértiles los campos,

será la primavera más hermosa.

 

Así muere la nieve,

regalándose. 

miércoles, 13 de enero de 2021

SIN CAMINO

 



Caminante, son tus huellas

el camino y nada más,

la nieve que ahora mancillas

pronto se regalará

y el agua con tus pisadas

se tornará lodazal.

Caminante, si eres sabio

te abstendrás de caminar.


                                                (Virgilio Arancón, Variaciones II)



domingo, 10 de enero de 2021

FILOMENA





Después de unos días de vértigo, de rodar y rugir por montes, páramos y ciudades, de derramar sobre medio país su copiosa carga de nieve  - una aleación de belleza, desolación y caos-, cuando cae la noche ha tomado forma humana y se ha sentado a descansar en un silla de plástico, como los viejos del lugar, en un rincón del humilde jardín donde los rosales -apenas retorcidos garabatos- no aciertan a soñarse primavera. 

Espectral e inacabada, con rasgos difusos de embrión, la Tempestad quisiera quedarse ahí para siempre, como una turista boreal, y regalar lentamente su cuerpo al Sol.


viernes, 8 de enero de 2021

PERDIDO

 











Es fácil verlo, una figura salpicada de negro marchando errática por el robledal nevado. Todo es nuevo para él, casi un recién nacido. El mundo se le ha vuelto de golpe extraño. Apenas estaba empezando a destetarse y a comer hierba y ahora solo puede llevarse a la boca una masa blanca y helada que se le derrite en la lengua. Bala lastimero. ¿Dónde la madre, sus ubres cálidas y suculentas? ¿Dónde el rebaño? 

Perdido. Abandonado. Huérfano. Primer día del año para el cordero negro manchado de blanco.

miércoles, 6 de enero de 2021

CHUPITELES

 








Si hace unos días era 'rachizo' la palabra que regresaba a mi memoria desde los arrabales de la infancia, hoy, al salir a la calle y ver esos carámbanos como puñales, esas estalactitas de cristal moqueando desde los canalones en los tejados he pensado: 'chupiteles'. 

Tampoco es de uso común, pero sellada como está a los recuerdos de aquellos inviernos de brasero y sabañones, no la cambiaría por otra más académica. Tiene algo de capitel o chapitel, de adorno arquitectónico, y también quiere emparentarse con 'chupar' pues, en efecto, algunos de estos chupiteles los arrancábamos y los chupábamos como si fueran helados. No tenían sabor, naturalmente. Si acaso ese regusto soso a agua del cielo y esa quemadura paradójica del hielo en la lengua.




domingo, 3 de enero de 2021

CARTA DE PRESENTACIÓN


 







El año empieza hermosamente, como si todo el dolor acumulado se hubiera convertido en nieve. Ya sabemos que la nieve es efímera y que este instante no durará -salvo que le vendamos el alma a Mefistófeles-, pero aún así se agradece este comienzo.













sábado, 2 de enero de 2021

CORONACUENTOS (24):PRIMER DÍA

 


Enojado con todo, se acostó temprano. Ya que las cosas habían de ser diferentes por fuerza, que lo fueran de verdad. No se esperó a las campanadas: ni uvas, ni champán, ni besos a desconocidos, ni matasuegras ni amanecer entre la niebla del alcohol.

Se despertó pronto. Se despertó como se había acostado: enojado y solo. Pero sin resaca. Lúcido. Y con una extraña vitalidad  de la que no se acordaba. Al abrir la ventana la vio: la nieve.

Era el primero en pisar la calle. La nieve había borrado las señales, vestido de gala a los árboles desnudos, regalado silencio al barrio. Parecía haber borrado también su memoria, el recuerdo de unos días aciagos.

Mientras escuchaba el tierno crujido de la nieve bajo sus botas, sintió que estrenaba la ciudad, el mundo, la vida.