sábado, 3 de octubre de 2026

SENTIDIÑO

 

En otra de esas tertulias informales de jubilados ociosos a que asisten algunos de nuestros complementarios, cumpliendo el ritual repaso a la actualidad siempre trufado de nostálgicas referencias a las bondades del pasado, la conversación derivó hacia un existencialismo de andar por casa pero no por ello menos intenso.

—Me he cansado de buscarle sentido a la existencia. A mis años no tengo fuerzas ni ganas.

—Podría ser que la existencia no tuviera sentido, que fuera una absurda y cruel broma de los dioses.

—Dejemos a un lado el sentido. Es una palabra pretenciosa. Y conformémonos con el sentidiño, que dicen los gallegos, así con un diminutivo cariñoso. No el Sentido de la Vida, sino el sentidiño de cada momento, de cada día.

Aquí intervino Zenón, licenciado en Románicas y profesor jubilado de Lengua y Literatura castellana.

—En gallego sentidiño tiene otro sentido (si se me permite el juego de palabras). Se refiere a lo que en castellano llamaríamos ‘sentido común’, esa cordura necesaria para no obrar ni hablar a lo loco, irresponsablemente, con precipitación o ignorancia y sin prever las consecuencias de nuestras palabras o nuestros actos.

—Bien está la precisión, amigo Zenón, cierto es que en estos tiempos que vuelan más que corren, una buena ración de sentidiño quizá evitara muchos problemas a la humanidad.

—Propongo una cosa:  adoptemos y resignifiquemos la palabra sentidiño que, a partir de ahora, tendrá dos significados. A la humanidad en su conjunto le vendría muy bien más sentidiño para no repetir los trágicos errores del pasado y en la vida de cada uno habría que buscar esos sentidiños cotidianos y al alcance la mano: un paseo por el campo, la sonrisa de tu nieto, la lectura de un buen libro, una tarde soleada de otoño, la llegada de una buena noticia, el olor de una rosa tardía…

—O una reunión de viejos amigos como esta. Bebamos, pues, por el sentidiño.

—¡Bebamos!