jueves, 14 de junio de 2018

RIO RAZÓN









     Hay topónimos que parecen metáforas. Llamar Razón a un río tiene algo de filosofía presocrática, algo de voluntarismo ilustrado, un poco de enfática poesía.

     El río Razón recorre una rápida trayectoria antes de desembocar en el Tera que a su vez enseguida se entrega al Duero. Sus aguas son, en buena medida, nieve regalada de la Sierra de Cebollera. Aguas limpias, transparentes, que no tienen tiempo de ensuciarse. En su corta vida fluye de modos diferentes, se remansa a veces, se acelera con pequeños saltos, alberga truchas, consiente que lo conviertan en piscina natural y que los abedules y las hayas se miren en él. Un río de razonable belleza, que conoce la brevedad de su destino y no le importa. Riega y embellece el Valle, una comarca donde solían pacer vacas y por donde ahora planea el fantasma de la despoblación. A sus orillas se alza una ermita sin eremita. No hay constancia de si sus escasos ribereños destacan por su sensatez. 

   Así debería fluir la razón por nuestra tierra: limpia, hermosa, fecunda.









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