miércoles, 22 de mayo de 2024

POCILGAS

 

El alcalde de Pocilgas

tuvo una brillante idea

para acabar con las burlas

por el nombre de su aldea:

«Te llamarás Bellavista»,

hizo pregonar en bando,

«y todos acatarán

esto que Yo Ordeno y Mando.»

Orgullosos y felices

los nuevos bellavistanos

no tendrán que soportar

que los tilden de marranos.

Sólo Tarsicio, a quien tienen

por el tonto del lugar,

no se da por enterado

y se obstina en proclamar:

«Por mucho que os empeñéis

en decir que soy un lerdo

Pocilgas será Pocilgas

mientras siga oliendo a cerdo.»

De todo lo cual se infiere

como lección provechosa

que sólo cambiando el nombre

no se remedia gran cosa.



Estas jocosas coplas atribuidas a Virgilio Arancón han sido objeto de variadas exégesis por parte de algunos críticos literarios. Unos ven en ellas oscuras alusiones a algún acontecimiento de la vida provinciana; otros vuelan alto y estiman que los versos alertan sobre el engaño, universalmente repetido, de usar los nombres no para designar sino para encubrir; menos presuntuosos, opinan algunos que se trata simplemente de una muestra de ese ingenio zumbón, de rústico linaje, que caracterizó al poeta y que, puestos a comparar, más recuerda a las fábulas  de Samaniego que a los proverbios de Machado. Un erudito local aporta, en fin, el curioso dato de que existe un pueblo, antiguamente llamado Pocilgas, al que se le cambió el nombre por otro de más aseadas resonancias.  

sábado, 18 de mayo de 2024

CAMINO DE PERFECCIÓN

 


Transitó desde el idealismo utópico de la juventud al escepticismo descreído en la madurez para arribar finalmente en la senectud a un cinismo descarnado y acomodaticio.

Y lo más triste de todo: a esta evolución la llamaba "sabiduría adquirida con la edad."




lunes, 13 de mayo de 2024

LIRIOS AMARILLOS

 



Donde el río se amansa,
una orla de lirios:
hermosura sin dueño.










viernes, 10 de mayo de 2024

ASTROLABIO

 



Hay palabras que parecen hechas para ser saboreadas, para disfrutar con su sonido, para dejarse llevar por lo que evocan, para agradecerle al azar su ciega sabiduría poética. Una de estas palabras tocadas por la magia es Astrolabio. Su etimología griega (que podríamos traducir por ‘captor o cazador de estrellas’) ya es suficientemente sugerente  y el objeto que designa (un instrumento de navegación basado en la posición de las estrellas) es en sí mismo bello (se ha convertido en solicitado artículo decorativo) y  nos transporta a una época de viajes inciertos, de peligrosas travesías marítimas, de descubrimientos. Aquellos navegantes sabían leer en el inmenso mapa del cielo para encontrar el camino; ahora solo necesitamos mirar a una pequeña pantalla que nos habla y nos lleva de la mano y nos dirige como si fuéramos niños que han perdido la capacidad de orientarse por sí mismos.

No acaba aquí el encanto de astrolabio. Por una feliz coincidencia que nada tiene que ver con la ciencia etimológica, esta palabra parece compuesta por otras dos: astro y labio. Y esta combinación tan extravagante como lírica  nos recuerda una conocida frase del poeta uruguayo Conde de Lautréamont cuando nos habla de  algo «bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de un paraguas y una máquina de escribir».  

Astrolabio nos autoriza a soñar con estrellas que tienen labios, con besos de luz y otras divagaciones ingenuamente cursis, inocente divertimento para contrarrestar tanto cinismo y  chabacanería como imperan en el lenguaje actual.


lunes, 6 de mayo de 2024

OVEJAS Y PASTORES

 



Los balidos lastimeros de las ovejas, descarriadas y abandonadas en el desierto, sin una brizna de hierba que llevarse a la boca, parecían decir, remedando las palabras de los burgaleses al comienzo del Cantar de Mío Cid:

-¡Qué buen rebaño seríamos si tuviésemos un buen pastor!

viernes, 3 de mayo de 2024

TRES LUCUBRACIONES

Cuando lleva mucho tiempo sin cavilar suele ocurrirle a Afrodisio Cabal, nuestro pequeño filósofo rural, que las ideas le acuden en tropel, como bombas racimo. De su última cosecha son estas tres reflexiones inconexas:

—Antes, en la plaza pública, solo había un megáfono. Ahora hay tantos que nadie escucha a nadie, todos gritan, todos vociferan y el resultado es una confusa batahola.

—Los sentimientos puros son insoportables. Por eso tendemos a mezclarlos para rebajar su potencia, para diluir sus sabores.

—No hemos parado hasta reducir la inabarcable realidad a una sucesión de unos y de ceros. Parecemos capaces de construir cualquier estructura, por  compleja que sea, con una simplicidad binaria. Pero ¿qué ocurre con todo lo que se esconde, se refugia o resiste en esa zona intermedia entre el uno y el cero? 


viernes, 26 de abril de 2024

PADRE E HIJO

 



Este mes de junio se cumplirán cien años de la muerte de Franz Kafka, uno de los autores esenciales del pasado siglo. Vivió apenas cuarenta años y su obra no es muy extensa, pero su impacto en la literatura posterior y en el imaginario colectivo es formidable. Sus fábulas, de una sencillez y una hondura atroces, aciertan a desvelar —con el acento propio de los antiguos profetas— los aspectos más inquietantes de nuestra época y los males que la acechan. Empeñada en imitar su arte, la realidad cotidiana que vivimos es cada vez más kafkiana, con su mezcla de absurdo, despersonalización y claustrofobia.

Unos de sus escritos más analizados —no se trata de una novela, sino de un texto confesional y autobiográfico— se conoce como la «Carta al padre» y está dirigida a su progenitor, Hermann Kafka, que no llegó a leerla, según cuenta su amigo y albacea Max Brod, el mismo que se negó a cumplir el deseo póstumo de Kafka de que toda su obra inédita fuera destruida. La carta comienza así:

«Querido padre: Hace tiempo me preguntaste por qué te tengo tanto miedo. Como siempre, no supe qué responder, en parte por ese miedo que me provocas, y en parte porque procede de muchos motivos, muchos más de los que podría contarte cuando hablo.» 


Cuando visité la tumba de Kafka en el sector judío del Cementerio Nuevo de Praga, al comprobar que compartía la sepultura familiar con su padre, imaginé un breve diálogo entre ambos:

HERMANN.— Me dice tu madre que me escribiste una carta muy larga que no me has entregado. Léemela ahora.

FRANZ.—Mejor lo dejamos. Vamos a tener que compartir habitáculo durante toda la eternidad.