viernes, 6 de abril de 2018

EL LOBITO BUENO


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     Su caso debería estudiarse en todas las escuelas donde se preparan los futuros asesores de imagen. 

     ¿Cómo han conseguido apropiarse del relato, hacerlo suyo, transformarlo en beneficio propio?  El otro día hubo una numerosa manifestación para reivindicarlos. Han conseguido pasar de ser verdugos a víctimas, de provocar rechazo y miedo a suscitar piedad y ternura. Y sin usar internet.  Deberían los políticos aprender de ellos, de su habilidad para hacer virar bruscamente la opinión pública, para travestirse en su contrario. 

       Me refiero a los lobos, sí, esas bestias malvadas de los cuentos infantiles. Ahora hay  activistas que luchan por evitar su extinción, aunque sea al precio del sacrificio de las pacíficas ovejas, y padres que reclaman en los juzgados el derecho a poner de nombre a su hijo Lobo. Quizá llegue el día en que en una acreditación, en una etiqueta de facebook, en la identificación prendida en la ropa de los dependientes  de un supermercado leamos Lobo López -reponedor vegano-, Cucaracha Martínez -y no es una chica rastrera-, Hiena Jiménez -y se ríe siempre sin malicia-, Tiburón Fernández -y no es un depredador -, Buitre García -y no es asesor de fondos de alto riesgo-. ¿Por qué no?  Ya hay muchas Palomas. Ese día habrán acabado de una vez los prejuicios y nuestra profesión estará de más.
                                  
                   (Andreu Subirats,  director de  Com Som. Consultoría de reputación personal  e imagen corporativa.)

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