domingo, 7 de abril de 2019

NIEVE DE ABRIL
















Quería fotografiar un copo de nieve; uno cualquiera, pero solo uno. Como se fotografía a un pájaro, a un árbol, a una persona. Retratar su fugaz aventura en el mundo, única, intransferible. Su viaje desde la nube hasta el suelo -ese suelo tibio de abril que no tendría piedad con él, que lo desharía en cuanto aterrizara-. Ponerle nombre.


Pero no logró su objetivo. Manchas blanquecinas, estelas de cometas sobre un fondo negro, células en un caldo primigenio, nebulosas. Lo confuso, lo informe, lo innominado del ser.

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