domingo, 21 de abril de 2019

EL NIÑO LISTO


                                                 (A la manera de Ana Mª Matute en su libro Los niños tontos)

El niño listo sabe muchas cosas, tantas que muchas veces su padre le pregunta cómo funciona esto, cómo funciona lo otro. El niño listo parece que hubiera nacido con un dispositivo en la mano y el libro de instrucciones grabado en su memoria.

Al niño listo no le gusta jugar con la tierra, ni con el agua, ni con las piedras: todo ensucia. Prefiere apretar botones, pasar su delicado dedo sobre la superficie de cristal de una pantalla, tener el mundo en la palma de su mano.

Con su radiotransmisor, pilota un dron por entre los árboles del parque. Como un hábil cetrero, gobierna el vuelo de su pájaro mecánico. Se siente envidiado por los otros niños, los niños sucios, los niños tontos, los que hacen barro con el agua de la fuente y la tierra de los caminos, los que vuelan torpemente en los columpios, los que ni saben dirigir el recorrido de una pelota sobre la hierba.

Pero en un descuido, el dron del niño listo queda enganchado en lo alto de un castaño de Indias como si fuera un pájaro de verdad, un pájaro rebelde al que se le ha antojado posarse para descansar. El niño listo lo mira desconsolado. Eso no está previsto.  Los controles no consiguen hacerlo salir del atolladero. Un niño tonto -la cara sucia de agua y arena- se acerca. Después son más. No entienden la desesperación del niño listo. Para ellos no hay problema. Treparían al árbol. Se abrazarían con las manos y las piernas al tronco como gatos, subirían y rescatarían el aparato. Pero el niño listo no sabe gatear. Ni siquiera se le ocurre que un niño sea capaz de hacer eso sin la ayuda de una máquina.


¡Hay tantas cosas tontas que los niños listos no saben!


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