martes, 11 de diciembre de 2018

EL HUMOR DEL GENERAL




                El sentido del humor del general era proverbial.  Todo el mundo lo tenía por un cachondo.  Es verdad que en su oficio no había demasiadas ocasiones de demostrarlo salvo en las sobremesas con sus conmilitones, cuando empezaba a disparar chistes de grueso calibre y no sabía en qué momento parar.

                - Alto el fuego, por favor, Campano. Nos duelen las tripas de tanto reír.

           Al estallar la guerra parecía habérsele agriado el carácter. La guerra y el humor resultan escasamente compatibles -si acaso el humor negro-. Pero nuestro general encontró una solución a su connatural propensión a la broma. Mandó bombardear la ciudad -ya casi reducida a escombros por una larga campaña de asedio- con gas hilarante. Sus escasos, famélicos y alucinados habitantes se morían de la risa. Él también.


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