jueves, 15 de noviembre de 2018

NACIONALISMOS


     Ángel Aguado y Afrodisio Cabal eran presas fáciles de su tendencia a la logomaquia. Pero a veces, en medio de la pirotecnia verbal que fabricaban al polemizar, surgía, como por milagro, algo parecido al acuerdo. Supimos así que, quizá por ser hijos de una tierra vieja y depauperada que había desaprovechado la oportunidad concedida por la Historia enredándose en sueños imperiales y construcciones imperfectas, tanto el uno como el otro estaban curados de espantos identitarios y aborrecían del renacer de los nacionalismos. Sumaban sus fuerzas en esta lucha contra una tendencia que consideraban retrógrada.

                -Extraños compañeros de cama favorece el nacionalismo. El burgués liberal, el ácrata y el antisistema yacen juntos olvidando el odio que se profesan mientras dura el calentón de crear una patria nueva.

                -El nacionalismo es una enfermedad oportunista: ataca a las sociedades debilitadas.

                -Contra lo que pregonan los exaltados patriotas, la tela de las banderas no sirve para protegerse contra el frío de la Historia.

                -Quisimos resumir el progreso de la humanidad en aquel famoso titular: "Del Mito al Logos". Pero el proceso actual parece el contrario: el abandono del Logos para regresar al Mito fundacional. Los nacionalismos se alimentan de mitos.

            -Este monstruo amable y halagador, que consigue embaucar a tanta gente, tiene su residencia en lo más íntimo de nuestro cerebro, en eso que algunos llaman el cerebro reptiliano, y cuando despierta es muy difícil tenerlo bajo control.

              -El nacionalismo: ese egoísmo colectivo.

          -Sí, Aguado. Pero una sospecha me asalta: ¿No estaremos condenando el nacionalismo ajeno para defender otro nacionalismo oculto, el nuestro?


              -Si así fuere, malditos seamos, amigo Cabal. Por lo que sé decir de mí, soy un apátrida irredento.

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