El perro tiene una cabeza sólida, prismática, como bloque de hormigón. Un fisonomista canino podría catalogarlo como uno de esos ejemplares más dotados para la ferocidad que para la delicadeza.
La mujer
se acerca a la fuente, llena de agua una bolsa de plástico y se la ofrece. Es
un día de mucho calor, uno de esos días en que a los perros les gustaría
negarse en rotundo a ser sacados a la calle a la fuerza.
El perro
rehúsa repetidamente beber de la bolsa. Acaba remojándose y saciando su sed en
la fuente. Poco después la bolsa que no fue vaso es usada por la mujer para recoger
la caca del perro.
El
cronista lamenta no conocer el nombre del perro y no ser un experto en razas. Pero
no puede dejar de celebrar anónimamente su inteligencia anticipatoria y
sibarita. ¿Quién se tomaría una sopa servida en un orinal? No está bien beber en un envase destinado a los excrementos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario