miércoles, 19 de noviembre de 2025

MANZANAS

 




Asfixiado por la maleza que invade el campo asilvestrado que un día fue huerto, en uno de tantos parajes de tierra despoblada, este manzano cimarrón no renuncia a su destino de dar fruta, aunque sea para nadie. Comparte así el destino de tantos seres descatalogados que florecen y fructifican y brillan sin aparente propósito.



Ninguna mano recogerá estas manzanas con ese placer anticipado del deseo. Ningún niño saltará furtivamente las tapias del huerto para robarlas en la oscuridad de una noche de otoño. No habrá un caminante cansado que hunda sus dientes buscando el dulzor refrescante de su pulpa. 

Llegará el gusano, llegarán los hielos y la podredumbre. Caerán al suelo como los astros de un apocalipsis doméstico. O se consumirán en la rama esperando la llegada de los mirlos jóvenes, de sus picos feroces y amarillos. (Los mirlos también emigraron siguiendo el rastro de los últimos en abandonar el pueblo).   

Afortunadamente, pasaron los tiempos del hambre y la necesidad. 

Desgraciadamente vivimos tiempos de derroche, soberbia y desatención.

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