En sus
clases de gramática, el maestro trata de hacer conscientes a sus alumnos de la
importancia de cada palabra, su peso, su valor.
«Incluso una
palabra tan breve como un artículo, apenas una sílaba, puede introducir trascendentes cambios de significado. No es lo mismo decir Volvió a la
casa que Volvió a casa. Ni Pasó la página que Pasó página.
Ni Vende libros que Vende los libros. Y fijaos en una cosa que
puede resultar paradójica: la ausencia es tan significativa como la presencia. Este es uno de los muchos ejemplos de la maravillosa sutileza de nuestra lengua».
Como de
costumbre, el maestro no puede (ni quiere) resistir la tentación de saltar de
la gramática a la vida, a la realidad que sus alumnos están aprendiendo a
descifrar:
«Hoy mucha
gente tiene la palabra; en otros tiempos hacerse oír era el privilegio de unos
pocos que controlaban los medios de comunicación, pero la tecnología nos lo
pone ahora muy fácil. Cualquiera puede dejar sus mensajes en las redes sociales
y llegar a mucha gente; hasta pueden convertirse en algo viral. Pero,
desgraciadamente, casi nadie tiene palabra. Pensad en ello».
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