miércoles, 22 de marzo de 2017

LOS LABIOS MATE


                El pasado sábado 25 de febrero caí en la tentación de hojear la revista Tentaciones. Es algo que me tengo prohibido hacer para no poner en inútil riesgo mi amenazada confianza en el ser humano y en su futuro. El título del citado folleto me pareció siempre de un malditismo pueril y un epicureísmo simplón y consumista. Se supone que nos van poner ante los ojos tentaciones en las que, al modo de Wilde, debemos caer por imperativo vital. He de decir que el contenido no ha defraudado mis peores expectativas (algo, por otra parte irrelevante: siempre anhelamos confirmar nuestras peores sospechas). No quiero ser moderno, ni cool, ni estar a la última -uno tiene una edad-, no voy a dejarme embaucar por una publicidad apenas disimulada, no formo parte del target  (grupo ideal de destinatarios) al que se dirigen estos mensajes entreverados de descarada publicidad, así que a sus creadores les traerá al fresco mi rechazo. Es más, si un individuo de mi calaña y perfil estuviera entre sus adeptos empezarían a preocuparse.

                Ya en el sumario saltó sobre mí, como furia mitológica, una frase que me costó entender en su literalidad: "Los labios mate son un must de la temporada" Indagando en la red aprendí que must se refiere, en el mundo de la moda, a algo que debes tener, hacer o ponerte si no quieres quedar al margen. Tiene su lógica lingüística, he de reconocerlo. Pero el salto es demasiado largo para mi corta andadura.  Ya sabéis, a partir de ahora, quien se pinte los labios con un color brillante será declarado hortera. Yo, por mi parte, voy a iniciar una campaña publicitaria masiva y agresiva con el siguiente lema: Las rastrojeras son un must para tus pies. A ver si cuela. Confiemos en el poder imbatible del barbarismo inglés aliado al poderío de lo rural. (Quien no sepa lo que son las rastrojeras, que no se preocupe, es un localismo soriano, pero también están en internet.)

                A partir de aquí, en las páginas de la revista se marcan tendencias y, paralelamente, se suceden sugerencias de compra apenas enmascaradas en entrevistas. Todo ello trufado de una ingente colección de barbarismos, muchos de los cuales son difíciles de entender para los no iniciados en la hermética sociedad de los abanderados de la vanguardia del estilo. Y todos, perfectamente prescindibles. Veamos algunas perlas:

     -Tengo una niña de cinco años. Ya ves, full house.
     -Se finaliza con eyeliner.
     -El sonido rabioso de la working class británica.
     -Lo presentan siempre como la next big thing. 
     -Me inventaba melodías así, random.
     - Uñas largas con glitter
     -¿Started from the botton, como Drake?: Totalmente, yo vengo de cero.
    -Ya no eres joven. Dejas de ir a raves. Tu única droga es la adrenalina del like en las redes sociales.

                Pues sí, ya no soy joven, nada joven. Soy tan viejo que nunca he ido a raves, imagínate. Y en cuanto a los likes en las redes sociales... mis glándulas suprarrenales deben de estar atrofiadas. Me he quedado en la época en que un "me gustas", dicho a la cara a/por la persona adecuada, te provocaba una explosión hormonal.

                Para no cansar al paciente lector no agoto aquí la lista de anglicismos encontrados, algunos de uso bastante habitual y con cierta tradición (underground, beat, thriller, look, mail, running, hooligan) y otros que luchan por hacerse hueco -esperemos que no lo consigan-: biopic, hater, scroll, wrestler, spoiler, millenials, teen, geek, fake, coworking ... No falta ni un arrabalero Fuck off!  ¿Qué hacen nuestros aduaneros lingüísticos que se dejan colar de matute tanto despropósito? ¿Dónde están la Fundéu y la RAE? ¿Por qué no castigan a siete años de afasia y agrafia a estos perpetradores de desafueros?

                No sé qué me asombra más, si nuestra incapacidad -que casi parece innata- para hablar inglés o nuestro papanatismo a la hora de calcar o adoptar (a veces es casi una invención o una adaptación irreconocible para los propios anglohablantes: ahí tenemos el inefable puenting) términos y expresiones inglesas que, por el mero hecho de serlo, nos parecen el no va más de la modernidad. Más nos valdría sacudirnos el pelo de la dehesa aprendiendo de verdad idiomas en lugar de caer extasiados ante cualquier novedad formulada con palabras inglesas.

                Pero no perdamos la esperanza. Podría parecer que lo nuestro con el inglés es una batalla perdida, que estamos ante una invasión y que llegará el momento en que todos nosotros hablaremos en espánglish (algo parecido a la profecía de Rubén Darío) e, igual que nuestro Presidente de Gobierno (me olvido a propósito de la exalcaldesa, que tuvo su mérito) en cualquier reunión internacional soltaremos con jovial desparpajo: It's very difficult todo esto!.

                Podría parecer, pero no. Porque hemos logrado introducir una quinta columna en el corazón del Imperio, les pagaremos con la misma moneda. Hablarán español sin darse cuenta, como el personaje de Molière que llevaba toda la vida hablando en prosa sin saberlo. Les hemos colocado, como avanzadilla, palabras muy rotundas, impregnadas de toda una filosofía vital: toreador, guerrilla -pronúnciese algo parecido a "gorila"-, armada, siesta, ¡olé!, patio, fiesta. ¡Menudo ejército!


                Y para que no todo sean palos en la rueda de los esforzados redactores de Tentaciones señalemos en su favor que el disco de una banda británica a cuya promoción en forma de entrevista dedican un buen espacio se titula (¡tachán, tachán!) : English tapas. Perdonamos el oxímoron (nuestro sustantivo y su adjetivo son irreconciliables) y nos congratulamos por haber logrado la hazaña de traspasarles palabra tan "altisonante y significativa", que diría don Quijote.

lunes, 20 de marzo de 2017

BREVE HISTORIA DE LA HUMANIDAD



                El simio bajó del árbol desoyendo los consejos de los ancianos.

                -Si lo haces, no tendrás remedio -le advertían.

                -Pronto olvidarás cómo se trepa. Los dedos de tus pies se atrofiarán -le avisaban.

                -¿Qué va a ser de ti lejos de casa, mono, qué va a ser de ti? -le cantaron.

                Pero era el simio más listo del grupo y veía con claridad el futuro. Se irguió soberbio sobre sus dos pies y amagó un gesto desdeñoso de adiós con las manos recién liberadas. El futuro era suyo. Una tropilla de inadaptados lo siguió sin mucha convicción.

                Pasaron los siglos y la estirpe de los monos sabios prosperó. Descubrieron el fuego, fabricaron armas de madera, construyeron barcos y casas.

                Un día, el más listo de los monos listos, se sintió cansado, añorante. Quería descansar a la sombra de un árbol, filosofar, y quizá, aunque no lo supiera, ansiaba regresar a sus orígenes. Prescindir para siempre de la corbata. Acercarse al cielo por la escalera torcida de un tronco. Columpiarse despreocupado de rama en rama. Sentirse un poco aéreo. Disfrutar siendo espulgado. Buscó y buscó, pero sus ancestros se habían extinguido y ya no quedaban árboles. Solo vio ceniza de hogueras, madera consumida en barcos y casas, en papel. En armas inservibles.


                Se le hizo la noche. Miró a la luna, su yerma vastedad,  y en ella vio el espejo donde se reflejaba el  futuro de la Tierra. Era como si el muerto satélite dijera: Fui lo que eras. Serás lo que soy.

miércoles, 15 de marzo de 2017

FENOLOGÍA




Fenología: Ciencia que estudia la relación entre el clima y los ciclos de los seres vivos. Es disciplina en la que eran expertas -sin saberlo- las gentes del campo y ahora practican quienes se preocupan por los signos inquietantes que la naturaleza  pone ante nuestros ojos ciegos. La conocía muy bien Antonio Machado -aunque entonces no se hubiera inventado este término- como lo demuestra en el poema que dedica a su amigo Palacio.

        Estas violetas en el prado son, para mí, los heraldos de la primavera:





          Y este narciso a punto de abrirse también.




        ¡FELIZ PRIMAVERA!

martes, 14 de marzo de 2017

ÓNFALO


                Como un cataclismo reducido, resonó en el raro silencio de la clase. Algo había caído con estrépito sobre la tarima flotante y rodó hasta la zona de influencia de la mesa del profesor. Todos lo advirtieron y más de uno, levantando los ojos del texto de Herodoto que se esforzaban en traducir, llegó a tiempo de seguir la parte final del recorrido. También el profesor se percató. Pausadamente, más a causa de la rigidez de sus fibras que del desinterés, se agachó y tomó en su mano la pequeña bola dorada.

           -¿De quién es esto? - preguntó, bendiciendo  para sus adentros al inventor de los pronombres neutros.

                -Es mía -respondió Sandra, al tiempo que se levantaba para recogerla.

             La bolita se escurría entre los dedos azorados del profesor irradiando un calor íntimo y  turbulento.

            Ya en su silla, Sandra se levantó someramente, sin excesivo disimulo, la camiseta y colocó con naturalidad el abalorio en el  vástago que perforaba su piel, junto al ombligo. Igual lo hubiera hecho en el lóbulo de su oreja.


           Las manos del profesor aún sueñan, temblorosas, cuando recuerdan.

domingo, 12 de marzo de 2017

LUNA DE MARZO



Ramas desnudas:
blancas del abedul,
negras del tilo.
Sobre el jardín, la luna
(equitativamente)
su corazón reparte.


(El verso entre paréntesis se puede suprimir para obtener un tanka clásico)















jueves, 9 de marzo de 2017

RESILIENCIA






                                   



                    Ya de por sí la torreta de alta tensión no parece el lugar más apetecible ni el más cómodo ni, por supuesto, el más saludable -¿un error del instinto animal?- para instalar un nido. Mucho menos si la compañía eléctrica de turno, para acabar con la resistencia incomprensible de las aves, decide colocar pinchos. Pero nada de eso ha desanimado a esta pareja de cigüeñas, empeñadas en construir su felicidad y la continuidad de la especie sobre una base propia de un faquir. Eso sí que es resiliencia. 

                O quizá es que las cigüeñas son finlandesas y nos quieren enseñar, en plena dehesa salmantina, qué es el sisu.