lunes, 15 de octubre de 2018

LA BRAMA




           Se quedaba dormida en cualquier sitio, menos en la cama. Se quedaba dormida a cualquier hora, menos por la noche cuando se acostaba. A nadie le importaba, nadie iba a echárselo en cara. El tiempo, para ella, era una materia pastosa y uniforme, como si a las ruedecillas del reloj se le hubieran caído los dientes.  Además, el sol de la tarde, un sol de otoño tierno y dulce, resultaba irresistible. Se fue quedando dormida sentada en la silla de plástico, en un rincón del huerto, a la sombra del nogal, con los ojos en el monte. Tuvo un sueño de juventud, un relámpago de lumbre en su carne apagada.

            Cuando despertó, desde la sierra, le llegó el eco de la brama y el chocar de cuernos de los ciervos disputándose las hembras.

viernes, 12 de octubre de 2018

TRAGAPERRAS







Hay palabras tan contundentes que no necesitan aclaración. Quien creó este término compuesto no pretendió ser original ni embellecer el concepto. Diríase que era alguien que odiaba estas máquinas porque con su voracidad habían causado grave quebranto a su peculio. Es posible que a algunos hablantes muy jóvenes o de fuera de España haya que explicarles el sentido de 'perras' por 'monedas de escaso valor' y por extensión 'dinero'. Queda ya muy lejos el año 1870 cuando se emitieron aquellas monedas que llevaban grabado un león heráldico de dudosa factura que el pueblo llano 'degradó' en 'perra'. De ahí el nombre con que se conocieron estas monedas.

En nuestra época, tan dada a evitar llamar a las cosas por su nombre, "tragaperras", palabra popular donde las haya, no encaja. Suena rancia, viejuna, como de bar oloroso a fritanga, a vicio cutre. Y si de lo que se trata es de promocionar el juego virtual, - ese caramelo envenenado con el que están incitando a la ludopatía a tanta gente- hay que buscar otro vocablo. Y, por supuesto, recurrimos al inglés y hablaremos de "Slots" ('ranura') palabra que suena fina, moderna, aséptica. Quede la antigua, desfasada y rotunda 'tragaperras' como una antigualla. La moderna esclavitud generada por las pantallas no acepta palabras tan largas ni tan significativas.

Ilustramos esta entrada con una fotografía tomada en un salón de juegos británico, en un pueblo de la costa este, una tarde desapacible de septiembre, junto a una playa vacía y un mar sin amigos. La "agria melancolía" de la escena se ve reforzada por la presencia de esos taburetes, tan kitsch, tan incorrectos, que acaban siendo inquietantes. Unas piernas de mujer que aguardan el complemento de quien se sentará en ellos y creará por unos momentos un ser híbrido, una extraña criatura con piernas de bailarina, de patinadora o de artista de circo y con torso y busto de jugador/a. Un verdadero monstruo.










martes, 9 de octubre de 2018

VARIACIONES POÉTICAS





Más dotado para la teoría que para la práctica poética, gustaba Virgilio Arancón de trabajar sobre materiales ajenos, extrayendo de ellos, mediante leves pero significativos cambios, nuevas vetas de lirismo o inquietantes reflexiones. Le encantaba enmendarle la plana a los intocables. Es lo que hizo con el comienzo de un conocido poema de Juan Ramón Jiménez:

Y yo me iré.
¿Y se quedarán los pájaros
cantando?


Y con otro poema de A. Machado:

Caminante, no hay destino
sino bromas del azar.
Caminante no hay destino,
vives de casualidad.
De casualidad vivimos
y al echar la vista atrás
todo lo que hemos vivido
se nos antoja irreal.

sábado, 6 de octubre de 2018

PARRA VIRGEN









Los primeros síntomas de la enfermedad llamada otoño aparecen como una bella mutación: un rubor adolescente, esos colores carnales sobre la monotonía del verde. La parra virgen, de memoria tan frágil, lo vive ilusionada, como una primera vez. Parece desconocer la desnudez, el despojamiento que trae consigo la estación. 

Cómo no citar las palabras de Rilke en su primera Elegía: "Lo hermoso no es más que el comienzo de lo terrible". 







miércoles, 3 de octubre de 2018

EL PINTOR DE TORMENTAS





                                                                               JMW Turner, Snow Storm, Tate Britain



   Cuenta la leyenda que el pintor pidió a la tripulación del barco que lo atara al mástil mientras durara la tormenta para así poder observarla en  todo su poderío sin que el miedo lo obligara a bajar a cubierta. Quería capturar el desgarro del cielo, la lucha de la luz y las tinieblas, los abismos del mar encrespado, la fragilidad conmovedora de la nieve y el desamparo del navío. 

    Y puede que esto sucediera así, pero no cabe descartar que, como Ulises con las sirenas, lo que en realidad temía Turner era dejarse arrebatar, si nada se lo impedía, por el ronco, irresistible, canto de las olas embravecidas y por los tenebrosos colores de la tempestad.





domingo, 30 de septiembre de 2018

BICICLETA










En la ciudad que tanto ama las bicicletas, muy de vez en cuando, puedes ver algún ejemplar arrumbado en una calleja, contra un árbol, en cualquier esquina. Esa bicicleta que nadie recoge al anochecer, duerme al raso y se va oxidando lentamente bajo la incesante lluvia del norte. En alguna ocasión parece tratarse de un olvido involuntario -alguien que sufre una amnesia pasajera y no recuerda dónde la dejó aparcada-, pero otras veces te asalta el sentimiento de que se trata de un avieso abandono, como el de ese perro que se ha tornado molesto y se arroja al arcén. 

La bicicleta de la fotografía debe de haber sufrido un ahogamiento y, rescatada posteriormente del cauce del río, rebozaba de barro, permanece reclinada sobre una cerca de madera a la espera de una improbable adopción.




jueves, 27 de septiembre de 2018

FRESNO (Un apólogo occidental)








                Maldijo al vendaval tres veces: una ráfaga había tronchado la rama más frondosa del fresno.  (Era un fresno joven, nacido junto a la pared de la casa -y por tanto condenado- que él salvó trasplantándolo con mimo y cuidándolo hasta que arraigó y se fortaleció en el centro del jardín.)

                El viento le contestó: "Tres veces deberías bendecirme."

               Pero él solo tenía oídos para el enojo, que le susurraba feas palabras desde el interior. Por la tarde el enfado casi había pasado y el hombre se preguntó qué hacer con la rama caída. Con el palo más grueso se labró un báculo, de una horquilla fina obtuvo una varilla de zahorí, dio las hojas más tiernas a su vaca y lo demás lo reservó para la chimenea. Desde entonces caminó más tranquilo, encontró agua para excavar un pozo y presintió un tesoro escondido que estaba esperándolo, la leche le supo mejor y se calentó en el invierno.

                Por poco, pero el viento se había equivocado. Lo bendijo cinco veces.