martes, 25 de abril de 2017

LA MALDICIÓN DE LOS OLMOS

          ¿Qué pensaríamos de una enfermedad que nos estuviera acechando desde niños, que esperara a que nos hiciéramos jóvenes, a esa edad de plenitud orgánica y que entonces, justo entonces, en el momento en que la vida es más promesa, con  inteligente maldad, se ensañara con nosotros y nos exterminara sin piedad? 

            Eso es lo que les ocurre a los olmos de la foto. Primavera tras primavera, como si no hubieran aprendido la amarga lección, como si no tuvieran memoria, lanzan al mundo sus vástagos, sus renuevos, de un verde lustroso, y siguen creciendo, ajenos a la maldición que los persigue, hasta que, llegados a determinada altura, una orden se cumple, los hongos obstruyen sus conductos y mueren. Algunos sobrellevan como pueden, un par de años, la carga de una juventud malograda. Pero ninguno llega a viejo. 

          En un pequeño cerrado conviven la vida y la muerte, los nuevos retoños y el negro esquema de lo que fue un árbol -triste alcándara ahora de pájaros melancólicos-; guardería y cementerio compartiendo el mismo espacio.


                No cesarán en su empeño. Los sostiene la vaga esperanza de que el destino se canse de su absurda crueldad.


















viernes, 21 de abril de 2017

MATAPOBRES


                Nunca regresaba Rilke de un paseo por las montañas sin traer una palabra nueva (cito por aproximación). De la misma manera mi excursión diaria por las páginas del periódico (algunas tan abruptas y arriesgadas como las crestas alpinas) me regala siempre algún término que tomo en mis manos, lo sopeso, analizo su tacto, su color, me dejo llevar adonde quiera llevarme.

                'Matapobres', esta es la palabra que el otro día me hizo señas, agitó ante mí sus antenas de insecto sin taxonomía. No me resultaba extraña pero no creía haberla visto escrita nunca antes. A primera vista, yo diría que es una palabra verosímil, probable, creada mediante el recurso compositivo, tan frecuente y familiar en nuestra lengua, de aglutinar un verbo y su complemento directo. La busqué en el diccionario: no figuraba. Se trata, pues, de un neologismo de incierto futuro pero que dispone, de entrada, de una amplia familia a la que acogerse. Son muchos  los compuestos en los que su primer elemento es 'mata' (dejo para otros si de ello puede derivarse algún juicio de valor sobre nuestra idiosincrasia, nuestra tradicional falta de corrección y nuestra tendencia a la truculencia). Hermana de 'matamoscas', 'matarratas', 'matasuegras' o 'matacandelas' (que los monaguillos de mi pueblo llamábamos 'apagavelas') la recién llegada 'matapobres' (el corrector ortográfico de mi programa de texto -tan correcto él- no cesa de subrayármela en roja línea serrada, invitándome a que la borre, a que no la adopte,  pero no pienso hacerle caso) viene con un pan duro y muy triste bajo el brazo. 

                Se refiere una droga barata y mucho más dañina que la heroína y que está devastando los suburbios de Atenas, tan castigados por la miseria y la falta de futuro que la crisis ha traído consigo. Exterminar a los pobres para que no haya pobreza, criminal objetivo de la nuevas eugenesia social. Similar a aquella otra genial idea atribuida a G. Bush II: cortar todos los árboles para que no haya incendios forestales.

                De las plazas y calles de Atenas, en una etapa más de su siniestro recorrido, la droga 'matapobres' ha llegado al último territorio de la desesperación: los campos de refugiados. Son ya varios los casos de muertes provocadas en esos poblados fantasmales por esta metaanfetamina cristalizada y cortada con otras sustancias tóxicas. Sus habitantes buscan la muerte rápida que se esconde en sus pasajeros efectos de euforia alucinada. La prefieren a ese terrible demonio del que nos hablaba Baudelaire: L'ennui. El Tedio, el Hastío, diríamos nosotros, que hace inhabitable el mundo  e indeseable la vida. Encerrados en campos de detención masificados, sin posibilidad de salir, de proseguir su viaje, de trabajar, amenazados por los rigores del hambre, el frío y la enfermedad, los hemos convertido en personas amputadas, hemos desarraigado en ellos el árbol de la esperanza, hemos borrado de sus sueños todos los caminos. Hemos logrado, por fin, que se sientan suspendidos en la nada, anclados a un no lugar, transformados -ellos, que  tanta ilusión, tanto dinero y tantas penalidades gastaron para huir- en personas condenadas a la inutilidad.

                'Matapobres', esa droga que entre todos hemos fabricado, y en cuya composición química hemos utilizado muchos gramos de desprecio, de indiferencia, de engaño, de torpeza, del egoísmo de peor calidad.


                'Matapobres', esa palabra que no cesa de acusarnos, de definirnos. 

martes, 18 de abril de 2017

EL PESO DE LA BELLEZA



Cuando se cansa de contemplar el triste espectáculo del patio de la cárcel, esas sombras abrumadas por el peso del castigo que deambulan en círculos, el centinela, desde su garita, mira hacia afuera y descubre, entre el estupor y el desaliento, cómo el peso de tanta belleza en flor inclina también a los prunos hacia el suelo.







domingo, 16 de abril de 2017

VIVIR PARA COMPARTIR




                Hay que compartir, le decían en la guardería y en la escuela, quizá para contrarrestar su tendencia infantil al egoísmo, a no dejar sus juguetes a ningún otro niño, a aferrar sus golosinas para que nadie se las quitara. Hay que compartir, le repetían en casa. "Para ser feliz, hay que compartir", cantaban a coro en la catequesis. 

         Se le quedó grabado a fuego. Con la edad se volvió muy generosa. Todo lo publicaba en las redes sociales. Con Facebook Live encontró lo que buscaba: compartir su vida al completo, en vivo y en directo.  "¿Cómo están todos? ¿A dónde viajan?" fueron sus últimas palabras, sonriente, mirando a la pantalla de su móvil sobre el salpicadero como si mirara a los ojos a cada uno de sus múltiples seguidores, orgullosa de su esplendidez, antes de que el coche que conducía impactara brutalmente contra un autobús. 

viernes, 14 de abril de 2017

PAISAJE SIN PASIÓN






Paisaje sin pasión,
donde solo la luz sufre
su inacabable huida rectilínea,
desde lejanos días extiendes tus manos vaciadas,
sin dones, sin trazos, sin relieve,
extiendes tu cuerpo en la memoria
con desnudez cansada de tierra o de mujer
tatuada por el viento cruel de los caballos.
                                     
                                   (Inédito)












miércoles, 12 de abril de 2017

CARDELINA




                                                                 (Imagen tomada del blog silvestrismo.net)




     Hoy traigo hasta vosotros esta palabra, cardelina, por hermosa, por nuestra, por evocadora. He de reconocer que no forma parte de mi léxico y que ha sido Fermín Herrero en un poema y en la portada en su  reciente libro Sin ir más lejos quien me la ha puesto ante los ojos. No es el único nombre de ave que parece tener alas (otro día hablaré de la oropéndola) y que al posarse en el diccionario revela una trabazón sorprendente.



    Una pausa. Digamos varias veces: cardelina, cardelina, cardelina. Nos dejamos llevar por la gozosa articulación del sonido, por la melodía suave de las sílabas, por la dulzura del sufijo. Baste de momento.

      Buen nombre el que han elegido en estas tierras del oriente castellano y de Aragón para un pájaro canoro, el jilguero, que en mi pueblo llamamos colorín fijándonos en sus plumas, en su llamativo atuendo, y no en su garganta de virtuoso. Cardelina. ¿No os parece el nombre de un instrumento musical? El cambio de género, del masculino al femenino, promueve también sutiles sugerencias. Y la etimología  -que muchas veces es aliada de la fantasía poética- nos revela su relación con el cardo. En efecto, a estos pájaros les gusta posarse en la flor seca de esta planta y dicen que se alimentan de sus semillas y hacen sus nidos con materiales tomados de ella. Como tantas veces ocurre con la etimología, se non è vero, è ben trovato. Esta simbiosis de aspereza y fragilidad, de lo punzante y lo delicado, resulta turbadora. Por cierto,  jilguero, tras un complejo proceso de evolución/deformación fonética también procede de una palabra griega que significa 'cardo'.

      Mientras sigamos topándonos con hallazgos como este seguiremos amando las palabras, su misteriosa historia, su médula jugosa.

         Para concluir, esta reflexión poética en haiku:


La cardelina,
¿qué buscará en el cardo?
Cobrar su nombre.



lunes, 10 de abril de 2017

DESHIELO


      De niño me trasladaba a un estado de extrañeza próximo a la fascinación y al vértigo metafísico una expresión que se leía en los libros de geografía refiriéndose a las cumbres más altas (Everest, Aconcagua, Kilimanjaro). Nieves perpetuas, que yo traducía por nieves eternas, me parecía -además de un milagro inimaginable desde mi experiencia de niño que veía, con un sentimiento de pérdida inexorable, derretirse la nieve a los pocos días de caer- un asunto digno de meditación. ¿Es que en algún lugar había nieve que siempre había sido nieve y que seguiría por siempre siendo nieve? ¿Qué clase de territorio terrible y hermoso, inaccesible, era ese? ¿Cómo una materia tan frágil, tan vulnerable, tan soñadora -diría Ponge- podía resistir la embestida del sol? ¿Qué precio tendría que pagar para conservar su esencia? Y ahí me quedaba, instalado en este misterio que hacía más honda la vida.

      Sigo ahí, aunque los años -con sus lecciones turbias- me pongan a cada paso ejemplos descorazonadores. También la nieve de esas cumbres majestuosas está amenazada, como el hielo -que se creía inmortal- de los polos. Y en cuanto a la nieve nuestra, la nieve de andar por casa, la de nuestras modestas cumbres, rara vez llega ya a mayo.

       Este abril está siendo especialmente cruel con ella. El deshielo avanza rápido, como el desangrarse imparable de un hemofílico. 

       La nieve de esta foto se regala a manos llenas, abandona su ser, el destello cegador de su pureza, se ahueca, se debilita, se rinde finalmente y entra en el torrente, forma cascadas, se precipita, busca el valle, se arriesga a ser sucia, útil, perezosa Quizá piensa ya en el mar y por eso fluye con la agilidad del desesperado.