sábado, 18 de febrero de 2017

VIÑA VIEJA











En el sueño de invierno
de las cepas añosas
ya bulle, entera,
la alegría del vino:
Creed en el milagro.



lunes, 13 de febrero de 2017

TRAVESÍA



                Su oficio seguía siendo el mismo: trasladar pasajeros de una orilla a otra. Pero algo había cambiado: la barca era diferente, más grande, y no siempre de madera. En ocasiones el viaje se hacía en viejos barcos de metal o en lanchas hinchables. Muchas veces él no pilotaba, sino que ataba el timón en la dirección exacta a la isla y se quedaba en tierra. Estaba muy mayor y el mar no era de fiar: prefería los ríos. Pero no podía quejarse, regentaba un negocio floreciente. 
            
            Otra cosa había cambiado: sus clientes estaban convencidos de que iban al paraíso en vez de al infierno. Él no los desengañaba.


                Y tampoco nunca les revelaba su verdadero nombre: Caronte.

viernes, 10 de febrero de 2017

LA TRAICIÓN DE LAS IMÁGENES






                                                "Esto no es una pipa"  Magritte






         "Esta es la churrería El Faro"  (El churrero de Almuñécar)


¿Quién tiene razón?

martes, 7 de febrero de 2017

LOW COST


                Todo empezó con las aerolíneas, cuando algunas compañías descubrieron el secreto de embutir más pasajeros en el mismo espacio y de cobrar por todo lo que no fuera el estricto transporte de personas como fardos. Se llegó a pensar en excluir a los viajeros con sobrepeso para no gravar las cuentas de la empresa. Los que tengan las piernas largas, al asiento del pasillo. Poco faltó para imitar a Procusto, el mitológico posadero de Eleusis que ajustaba a los huéspedes al tamaño exacto de la cama por el expeditivo método de serrar el trozo de pierna que sobresalía.

                Con la crisis se abrió, como dicen ahora, una ventana de oportunidad de negocio. Y el invento saltó a los más inopinados sectores. Hoteles que parecían columbarios. Pan de harina sospechosa que a punto estuvo de arruinar a los honrados panaderos. Peluquerías donde te despachaban en cinco minutos. Ropa fabricada en condiciones de esclavitud. Tapas chapuceras elaboradas con productos de marca blanca. Gasolineras con carburante sospechosamente barato. Librerías de relectura (reread) antes llamadas librerías de lance o de viejo, sin tapujos. Todo esto etiquetado ahora como "low cost". Por momentos, España entera parecía haber colgado un gran cartelón a su entrada: "Entra usted en un país Low Cost. Bienvenido al gran saldo, liquidación de todo y de todos". Viviendas, empresas, suelo rústico y urbano, pueblos enteros. Y, lo que es más triste, también se hizo almoneda de derechos y de salarios. En esas estamos.

                "Nunca había costado tan poco llegar al cielo" rezaba el imaginativo anuncio buzoneado por una funeraria de bajo precio. (Lo mismo podría decir Ryanair, quizá con doble intención.) Una perla del mejor humor negro celtibérico que hubiera encantado a Carandell. Me pregunto en qué consistirá el ahorro de estos sagaces empresarios de pompas fúnebres: empleados inexpertos, flores de plástico, caja de cartón... ¿El paraíso prometido también es "low cost", con dioses de mentirijilla y ángeles becarios? Mejor lo dejo aquí. Todo esto  nos retrotrae a aquel olvidado sintagma de "funeral de tercera". Claro que dicho en inglés suena mejor.
 

                Ahora que casi nada escapa a este reclamo tan atractivo para bolsillos menesterosos haríamos bien en traducir esta expresión inglesa a ver si así pierde fuerza el bárbaro eufemismo y nos revela su verdadero rostro. Low cost es un anglicismo innecesario y burdo para referirse a algo de bajo coste, barato. Y si queremos buscar términos análogos no nos resultará difícil. Basta con que escuchemos a los pregoneros de los mercadillos: ganga, chollo, bicoca, rebaja, saldo, ofertón, liquidación, económico, tirado de precio... Hay donde escoger.

sábado, 4 de febrero de 2017

SUEÑO DE ARENA



       Se pasaba el día entero en la playa, cuidando de su obra -efímera y frágil como todo lo que nos importa-, reparando los desperfectos constantes del viento, devolviéndole a la arena el grado justo de humedad que el sol le robaba, restaurando la blancura de la nieve de las cumbres con pizcas de sal, velando por que la llama del volcán no se apagase. Cada vez que llovía era el Diluvio.

     Algunos echaban al pasar la moneda de la compasión, otros la mirada áspera de la indiferencia. Muy pocos se detenían lo suficiente para advertir algo sublime en aquella escena. La moneda de estos pocos valía más, volaba agradecida de la mano a la tela. El perro dormitaba casi todo el tiempo, pero si algo se acercaba demasiado despertaba de golpe poseído por la rabia del vigilante. 

     El arenista no tenía casa, no tenía otro techo bajo el que dormir que el cielo, a veces nublado, a veces cuajado de estrellas o plateado por la luna. Muchos lo consideraban poco más que un mendigo. Pero en sus sueños habitaba un palacio construido por sus manos, nevaba junto al mar que lo arrullaba y  se sabía dueño del fuego de un volcán. 















miércoles, 1 de febrero de 2017

CREPUSCULARIO





Para no sucumbir, 
ocaso tras ocaso,
a la letal belleza repetida,
a su embriaguez de luz,
el mar renunciará a la memoria.














sábado, 28 de enero de 2017

QUE TODO FLUYA SIN QUE NADA INFLUYA



         

                                                                          (Escrito en el pretil del Peñón del Santo, Almuñécar)


En homenaje al recientemente fallecido Zygmunt Bauman, que acuñó el concepto de la modernidad líquida.


Algunos pensamos que  hemos dado un paso más allá, que estamos entrando en el siguiente estado de la materia y que todo se está volviendo etéreo, gaseoso.