Era
un hombre extraño.
Mientras
tecnócratas multimillonarios y autócratas narcisistas y crueles invertían
ingentes cantidades de dinero en encontrar la manera de prolongar su vida
indefinidamente y hacían soñar con esa inalcanzable fantasía al pueblo llano,
él se reconcomía ante lo que consideraba la última de las traiciones a la
humanidad.
«Han
llenado el mundo de confusión y ruido. Han emponzoñado las relaciones humanas y
nos han intoxicado con el veneno del militarismo y el lucro. Han hecho todo lo
posible para que pensemos que la Verdad es otra más de sus falacias. Y ahora
nos quieren arrebatar la única certeza que da verdadero sentido y valor a la
vida: la seguridad de que un día moriremos».
Sí,
era un hombre raro.
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