Puerto de Santa Inés, Diciembre, 2024
Una mañana fría de diciembre,
subir hasta la nieve,
hasta las altas soledades blancas.
Contemplar cómo la niebla
borra y dibuja
a su capricho
los perfiles del bosque,
la línea de la vida.
Sentir la áspera caricia
del viento sin raíces.
Escuchar el tierno
crujido melancólico de la nieve
en cada pisada,
el canto inesperado
de un pájaro solitario.
Y regresar al llano
bien provistos de paz y de silencio,
curados del espanto,
del ruido y de la furia
que gobiernan el mundo.
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