lunes, 15 de diciembre de 2025

EL BRAZO

 

Para unos era un farsante; para otros un sabio que había alcanzado la suprema iluminación; había quien lo consideraba un loco estrafalario, un poeta de lo estéril, un militante de lo imposible, un asceta del quietismo.

Había abandonado un trabajo lucrativo y una vida razonable para dedicarse en exclusiva a cultivar un propósito descabellado: mantendría su brazo derecho levantado mientras la paz no reinara en todo el planeta.

Cincuenta años más tarde, el brazo seguía en alto pero el anciano santón, ya sin fuerzas y resignado, decidió darse por vencido. Nuevas guerras asolaban la tierra y la paz parecía más lejana que nunca. Quería renunciar a su promesa y descansar de su ímprobo esfuerzo. Pero el brazo no respondió: se le había secado como la rama de un árbol viejo. Solo le quedaba aguardar sentado a que un golpe fuerte de viento se lo tronchara.


No hay comentarios:

Publicar un comentario